Encontrarnos dentro de la incubadora

El maternaje es todo un proceso que se inicia en el embarazo cuando una mujer entra en contacto con ese hijo que espera: lo va soñando, pensando, imaginando, elige un nombre. Y si bien la mamá espera que en 40 semanas, nazca el bebé en un parto normal y pueda tenerlo en brazos, hay veces en las que, de pronto, todo se desestructura y puede ser algo traumático: no sabe qué pasará con su hijo, lo ve con tubos y aparatos en una incubadora.

La reacción de esa mamá puede ser diversa y puede afectar no solo a ella, sino también al vínculo con el bebé.

Por eso se habla de maternaje, palabra que se refiere a la función de la maternidad, no al hecho de ser mamá. O sea, el hecho de ser madre es un hecho biológico, mientras que el maternaje implica las funciones relativas a la maternidad.

Soledad Santos, es doctora en Psicología, fue becaria en el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental –Ciipme/Conicet  y es quien creó y validó una escala para evaluar en profundidad todas esas variables, medir qué le pasa a la mamá y al bebé en ese momento para saber cómo se puede ayudar a la construcción de un vínculo sano.

Aunque actualmente vive en Holanda, la doctora Santos continúa en conexión con el equipo de la doctora Alicia Oiberman, quien dirige el equipo de Psicología Perinatal y la conocida Escala Argentina de Inteligencia Sensorio-Motriz –EAIS.

En 2010, Santos obtuvo su doctorado. Cuando ese mismo año presentó los resultados de la validación de la escala en el Primer Congreso Argentino de Neonatología, ganó el primer premio.

A partir de esa tesis, presentó hace unos días el libro Encontrarnos dentro de la Incubadora que incluye el método que desarrolló durante la beca doctoral y lo que tiene que ver con el desarrollo teórico de la psiconeonatología, esto es, el aporte de la psicología perinatal a la situación específica de la internación de un bebé en incubadora en neonatología.

Un poco de historia

La neonatología es una de las ramas de la pediatría con mayor avance en las últimas décadas. En nuestro país, a finales de la década del ’60 empezaron a crearse las primeras unidades de cuidados intensivos neonatales, lo que logró reducir la morbimortalidad neonatal.

Pero estos avances también introdujeron la medicalización del parto y el nacimiento, por cuanto recién en la década del ’80 surgen proyectos que permiten que a lo tecnológico se sume la humanización de la asistencia neonatal y resaltar la importancia del rol activo de los padres y del vínculo madre-hijo. Es cuando se inserta el psicólogo perinatal, cuya labor implica modalidades de intervención y rol específico en la atención materno-neonatal integral y humanizada.

Vínculos

El vínculo temprano que une a la mamá y al bebé no es instantáneo ni automático, sino que se va construyendo y elaborando progresivamente en una relación de a dos.

“La sobrevida de bebés muy prematuros o con patologías neonatales que requieren largos períodos de internación dieron lugar a nuevos contextos al momento de desarrollar el vínculo entre la mamá y el bebé”, comenta la doctora Soledad Santos.

Aun en la incubadora, las mamás pueden tocar al bebé, acariciarlo, hablarle y  el bebé responde buscando a la mamá.

“La escena es la siguiente: la mamá tiene que ir a la neo, entrar a la unidad de terapia intensiva, acercarse a su bebé y tiene distintas posibilidades, por ejemplo, pararse y mirarlo desde lejos –recordemos que la capacidad visual de un bebé es de 30 cm, por lo que si se pone muy lejos de la incubadora, ni siquiera puede verla-, o acercarse para que el bebé la pueda ver, puede también abrir la incubadora o no, o apoyar las manos en la incubadora.

“He observado que el bebé se calma al sentir la voz de la mamá, le presta atención, la mira, empieza la interacción visual”, explica la doctora Santos.

Uno de los casos que le gusta resaltar a Santos es la historia de vida de un bebé cuya mamá tenía muchísimas dificultades para acercarse. Lo curioso es que ese bebé, que en ese entonces tenía 30/31 semanas de lo que se conoce como edad corregida, movía la manito

cuando la mamá se acercaba hasta tocarla. Pero cuando Santos le ofrecía su mano, se la sacaba. “O sea, claramente buscaba a su mamá. Por eso pensé en el nombre del libro, porque ese bebé traía a la mamá adentro de la incubadora para vincularse”, cuenta emocionada.

La necesidad de una escala

La doctora Santos hizo sus investigaciones en el Hospital Materno Infantil Ana Goitía de Avellaneda, que es donde surge la idea de crear esta escala. Comenzó en el hospital siendo estudiante, hizo la práctica profesional con la doctora Alicia Oiberman por medio la UBA en el hospital y como no había un parámetro que pudiera prever si lo que observaba estuviera bien o no por ausencia de trabajos anteriores, surgió la idea de crear una escala que permitiera observar las conductas y el vínculo entre la mamá y su bebé.

Es una escala de observación del proceso de vinculación. Hay un protocolo de observación. La escala tiene seis funciones o registros de contacto: acercamiento -evalúa cuando la mamá entra a la neo y se acerca a dónde está el bebe. Luego se pueden elegir distintas posturas: ponerse lejos (más de 30 cm), o cerca pero de espaldas de modo tal que el bebé no la ve, o bien cerca y de frente. Después, se observa el contacto con la incubadora, por lo que se pensó en una escala que tenga en cuenta las características particulares de la internación, por el contexto médico. Por eso es interesante ver cómo la mamá se contacta con la incubadora que parece un simple detalle. Si la mamá no puede abrir las puertas y tocar al bebé, las incubadoras estarían funcionando como una barrera, en lugar de ser parte del proceso de vinculación en Neonatología.

“Esta escala permite confirmar las observaciones de René Spitz, pediatra de posguerra, que desarrolló la teoría del  hospitalismo basada en la idea que los chicos no solo necesitan los cuidados físicos y alimentos, sino el amor y el cuidado amoroso como algo tan necesario como el alimento”, concluye Santos.

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